
Aprender en la acción
Cuando observamos a un niño sosteniendo un objeto, de inmediato buscamos definir qué está ocurriendo.
Se nos aparecen preguntas que buscan clasificar la situación en categorías conocidas.
Sin embargo, la experiencia del niño no se organiza de ese modo.
Las preguntas siempre abren; lo relevante es cómo se formulan.
Aprender a través de la experiencia
Ante la pregunta por lo que está haciendo un niño —cuando manipula un objeto, corre, hace preguntas, canta o baila— solemos recurrir a categorías que separan la experiencia.
En esa organización, el aprendizaje queda ubicado como algo distinto: divertirse es solo divertirse, jugar es solo jugar.
En algunos casos, ciertos aspectos del juego se incorporan desde la didáctica, pero muchas veces bajo la idea de que el juego está al servicio del aprendizaje, y no como una forma de aprendizaje en sí misma.
Estas formas de entender la experiencia están ampliamente instaladas y orientan la manera en que observamos y acompañamos a los niños.
Sin embargo, diversas perspectivas en educación infantil y estudios sobre multimodalidad han mostrado que el aprendizaje no se presenta como un momento aislado, sino como parte de la experiencia en curso (Unsworth, 2022; Callow, 2008).
De este modo, en la experiencia del niño, aprender se produce en la acción misma, mientras manipula, observa y explora.
Crear como forma de pensar
Desde estas perspectivas, la creación aparece tambien como parte del proceso de comprensión.
En el campo de la educación artística, autores como Eisner han planteado que crear implica tomar decisiones, explorar alternativas y construir significado a partir de la acción.
Más recientemente, investigaciones sobre programas artísticos en contextos escolares muestran que la participación sostenida en actividades de creación se asocia al desarrollo de pensamiento flexible y capacidades cognitivas complejas (Egana-delSol, 2023).
Asi, en la experiencia artistica del niño, crear implica imaginar, probar, ajustar y volver a intentar.
El juego como forma de conocimiento y practica multimodal.
En este marco, el juego adquiere un lugar específico dentro de la organización escolar.
Con frecuencia se presenta como un momento diferenciado dentro de la jornada.
Sin embargo, desde el campo de la didáctica del juego, diversos autores plantean que el juego no constituye una pausa ni un recurso accesorio, sino una forma de actividad con estructura, sentido y potencial de conocimiento (Sarlé, 2010).
El juego, entonces, implica acción, exploración y toma de decisiones. Al mismo tiempo que sostiene formas de comprensión que se desarrollan en la propia actividad.
En educación, esta forma de experiencia integrada se describe como aprendizaje multimodal.
Esto significa que los niños no construyen significado a través de un solo medio, como el lenguaje, sino mediante la combinación de distintas formas de participación: el movimiento, la manipulación de objetos, la observación, la imagen, el sonido y la interacción con otros.
Cuando un niño juega, explora o crea, no está utilizando una sola vía para aprender, sino varias al mismo tiempo.
En la práctica, esto implica que aprender no se limita a escuchar o repetir, sino que involucra actuar, probar, representar y participar activamente.
Estas formas se articulan entre sí y sostienen el proceso de comprensión.
La importancia de la educación estética
Por otro lado, desde los estudios sobre cultura visual y alfabetización visual, se ha planteado que la forma en que se presentan los materiales y los entornos influye en cómo los niños atienden, interpretan y construyen significado (Callow, 2008).
Los colores, las formas, las texturas y la disposición de los objetos orientan la acción y la exploración.
La experiencia estética se integra al proceso de aprendizaje y participa en su desarrollo.
En continuidad con lo anterior, el entorno se configura como parte activa del proceso de aprendizaje.
Desde enfoques como Montessori y perspectivas contemporáneas sobre el diseño del aprendizaje, se reconoce que el espacio, los materiales y su organización influyen en las acciones que los niños desarrollan.
Asi, la disposición de los objetos, la accesibilidad y las relaciones espaciales orientan la exploración y la interacción, por lo que el entorno juega un rol importante en la construcción de conocimiento.
Por eso, cuando un niño manipula un objeto, imagina, prueba y decide, todo ocurre al mismo tiempo.
No va pasando de una cosa a otra, sino que está viviendo una sola experiencia.
En ese momento, está jugando, creando y aprendiendo a la vez.
Son distintas formas de nombrar lo que, para el niño, es una misma acción.
Desde dónde pensamos Imaginaria
Esta forma de entender el aprendizaje da origen a Imaginaria.
En muchos espacios educativos, estas dimensiones se presentan separadas, organizadas en actividades distintas y con objetivos específicos.
Sin embargo, en la experiencia de los niños, estos procesos ocurren de manera simultánea.
Imaginaria se configura como un espacio donde se diseñan experiencias que respetan esa forma de aprender: explorando, creando y comprendiendo en una misma acción.
Este Journal se plantea como un lugar para continuar desarrollando y reflexionando sobre estas ideas.